G.A.S.P.
Elegancia
Elegancia
Delicadeza
Fino acabado
Suave silueta
Calor de amor
Color de primor
Toque de dioses
Aroma envolvente
Insignia de belleza
Vértigo de mi deseo
Horizonte de mi mirar
Mar es tu esbelto cuello
De mis navegantes labios
Dinuel Sánchez Maldonado
11/2/2008
11:52am
lunes, 21 de marzo de 2016
domingo, 14 de febrero de 2016
Desde tu interior
G.P.
Giovanna,
¿Cómo estás? ¿Bien? Así lo espero. Quería decirte que tu mirada convirtió mi tinta en sangre. Mi significante en espíritu. Tantos me conocieron, me criticaron, me observaron, me olvidaron y se fueron. Pero nadie me cautivó como tú. Quedé prendido de ti. Soñé que tu candor me trasladaba fuera de esta selva, muy rica pero desafiante, monótona. Ya, el lanzar semillas por detrás de los hombres había perdido sentido, razón. Mis súbditos notaban mi cambio, yo no. Sólo sabía que permanecer deambulando entre páginas era ridículo. Entonces tú llegaste, abriste el libro, desplegaste los folios que presionaban mi esencia. Luego pude ver la luz que irradiaban tus perlas, tus ojos. De repente, me di cuenta que me transportabas a tu mente, a tus pensamientos, a ti. Mi regocijo fue increíble al vivir contigo los momentos inolvidables cuando hacías algún comentario de mí. Sentir como tus labios se acomodaban para pronunciar mi nombre, fue y es reconfortante. En realidad mi vida trasciende en tu memoria. No sé qué será de la vida de mis anteriores acompañantes, desearía que ellos pudieran hallar un refugio enternecedor como, afortunadamente, lo he encontrado yo. Definitivamente, no extraño mi anterior situación, aunque fue necesario para llegar a ti. A tu corazón.
Desde ti para ti,
Amaliwak
Desde tu interior
Giovanna,
¿Cómo estás? ¿Bien? Así lo espero. Quería decirte que tu mirada convirtió mi tinta en sangre. Mi significante en espíritu. Tantos me conocieron, me criticaron, me observaron, me olvidaron y se fueron. Pero nadie me cautivó como tú. Quedé prendido de ti. Soñé que tu candor me trasladaba fuera de esta selva, muy rica pero desafiante, monótona. Ya, el lanzar semillas por detrás de los hombres había perdido sentido, razón. Mis súbditos notaban mi cambio, yo no. Sólo sabía que permanecer deambulando entre páginas era ridículo. Entonces tú llegaste, abriste el libro, desplegaste los folios que presionaban mi esencia. Luego pude ver la luz que irradiaban tus perlas, tus ojos. De repente, me di cuenta que me transportabas a tu mente, a tus pensamientos, a ti. Mi regocijo fue increíble al vivir contigo los momentos inolvidables cuando hacías algún comentario de mí. Sentir como tus labios se acomodaban para pronunciar mi nombre, fue y es reconfortante. En realidad mi vida trasciende en tu memoria. No sé qué será de la vida de mis anteriores acompañantes, desearía que ellos pudieran hallar un refugio enternecedor como, afortunadamente, lo he encontrado yo. Definitivamente, no extraño mi anterior situación, aunque fue necesario para llegar a ti. A tu corazón.
Desde ti para ti,
Amaliwak
Dinuel Sánchez Maldonado
1999
lunes, 8 de febrero de 2016
La Luz que desembarcó en mi Marina
L.M.R.R.
La Luz que desembarcó en mi Marina
Imaginación, necesidad, entretenimiento, valentía, fuerza, tiempo, lápiz, paciencia, constancia, seguridad, etc., son algunos de los pilares que condujeron a la realización de mi ser. Debo afrontar desafíos, superar obstáculos, enfrentar el futuro. Cada segundo juega un papel importante en mi vida. Perder uno de ellos sería imperdonable. La experiencia me ha enseñado que el tiempo debe distribuirse con inteligencia. Gracias a esto, los retos ya no significan nada para mí.
Mi labor se ha convertido en un ejemplo a seguir, del cual debe valorarse la fe que pongo en él. Ni la violencia ni el dolor son símbolos de mis acciones. Si en mi poder estara, mis métodos fueran más humanos, más como tú. Sí, como tú. Porque desde aquí, desde una imagen encuadrada en una pantalla estoy indefinidamente prisionero de las decisiones arbitrarias de un “creativo” desconsiderado. Quisiera, de verdad, que fueras tú quien hilara el tejido de mi destino. Estoy seguro que tu inventiva no toleraría la carencia de afecto que existe en el planeta.
Dos y tres dimensiones nos separan, pero hay una en la cual nos une sin duda alguna. Entre miles de fanáticos, admiradores y aduladores, sólo necesito una amiga. Por supuesto que eres tú. Al observar como fijabas tu mirada en la ventana encantada (cómplice), quedé prendido de ti. Supe desde ese momento que mi existencia tenía razón de ser. Ser el causante de tu alegría, de tu emoción. Ahora lucho por ti, con el sincero y profundo deseo de que algún día mi fantasía de sentirte se volviese realidad fantástica.
Esa dimensión que nos une es la de la ilusión posible, la de la esperanza cumplida, la del beso consumado: la del amor.
Dinuel Sánchez Maldonado
1999
domingo, 6 de septiembre de 2015
Delirio
G.A.S.P.
Delirio
Deseo ser esa hoja del follaje cuando buscas la luz del sol, una de tantas... La hoja que vive y te deja mirar a través del collage de las ramas, buscando ese cielo azul con nubes en movimiento sin que parpadees ni te encandiles...Una más de ese árbol lleno de vida que vive gracias al astro solar... Miles de hojas que vienen del mismo origen... Las ramas se mueven, el viento sopla, el sol cambia de posición... Las sombras varían su ángulo... Tú observas el verdor panorámico que enmarca tu vista... Una hoja que te protege sin tú notarlo, está allí, entre un manto que produce oxígeno... No se cae porque desea que la contemples... ¿La verás?...
Dinuel Sánchez Maldonado
12/2/2008
4:06pm
Delirio
Deseo ser esa hoja del follaje cuando buscas la luz del sol, una de tantas... La hoja que vive y te deja mirar a través del collage de las ramas, buscando ese cielo azul con nubes en movimiento sin que parpadees ni te encandiles...Una más de ese árbol lleno de vida que vive gracias al astro solar... Miles de hojas que vienen del mismo origen... Las ramas se mueven, el viento sopla, el sol cambia de posición... Las sombras varían su ángulo... Tú observas el verdor panorámico que enmarca tu vista... Una hoja que te protege sin tú notarlo, está allí, entre un manto que produce oxígeno... No se cae porque desea que la contemples... ¿La verás?...
Dinuel Sánchez Maldonado
12/2/2008
4:06pm
sábado, 30 de mayo de 2015
Te mentí
N.G.
Te mentí
Te mentí, debo reconocerlo, no era fácil ocultarlo por más tiempo, la presión de haber mentido es indescriptible, no podía más… No era justo para ti que vivieras engañada con mis anteriores palabras, me sentí mal al hacerlo… Ahora no sé en que depararán mis acciones ni qué consecuencias acarrearán… Las he de asumir irremediablemente… Y aún así, he vivido mi pesar que me remordía por dentro… Usé un mecanismo viejo de juego de palabras que no acostumbro a aplicar, funcionó en ese momento pero a partir de allí comenzó mi pesar, hondo pesar… Me fue consumiendo sin estar consciente de ello y a la vez el sentimiento de culpa iba como bola de nieve… Pequé ante tu persona y me sentí vil… Todo eso lo cargaba como un grillete de peso infinito… Aquí, nuevamente tuve que recurrir de nuevo a las palabras, las que me permitieron cometer mi falta, ironía… ¡Qué grandes son las palabras! (conmigo)... Entonces, no queda más remedio que confesarlo, sacar eso que no supe decir a tiempo… Cobarde me siento por no decírtelo en persona, mi valor, devaluado y maculado ante ti…
Aquella vez que dije “me atraparon tus ojos”, no era cierto. Sí, así es. Cuando te vi, fui atrapado totalmente con la totalidad de ti, de lo que aprecié. Me dije ¿Qué está más bello, sus ojos, mirada, su boca, labios, su nariz, sus mejillas, sus pestañas, cejas, su sonrisa, voz, cabello, piel? No eran sólo tus ojos, fue la complejidad de tu simetría, no hallé una parte que luciera sobre otra, cuestión que rompió principios prefijados en mí. Un universo anhelado por descubrir, emoción sublime. Vibración especial resurgida, pensada extinguida. Al palpar tu mano, mi corazón avivó. Algo como lo que transmite la pintura La Creación de Miguel Ángel, al observarlo. Condenado he de estar por mi infame acto. Dejas huella en mí, abriéndote paso sin proponértelo realmente. Y yo, te mentí…
Dinuel Sánchez Maldonado
24/10/2007
12:15am
Te mentí, debo reconocerlo, no era fácil ocultarlo por más tiempo, la presión de haber mentido es indescriptible, no podía más… No era justo para ti que vivieras engañada con mis anteriores palabras, me sentí mal al hacerlo… Ahora no sé en que depararán mis acciones ni qué consecuencias acarrearán… Las he de asumir irremediablemente… Y aún así, he vivido mi pesar que me remordía por dentro… Usé un mecanismo viejo de juego de palabras que no acostumbro a aplicar, funcionó en ese momento pero a partir de allí comenzó mi pesar, hondo pesar… Me fue consumiendo sin estar consciente de ello y a la vez el sentimiento de culpa iba como bola de nieve… Pequé ante tu persona y me sentí vil… Todo eso lo cargaba como un grillete de peso infinito… Aquí, nuevamente tuve que recurrir de nuevo a las palabras, las que me permitieron cometer mi falta, ironía… ¡Qué grandes son las palabras! (conmigo)... Entonces, no queda más remedio que confesarlo, sacar eso que no supe decir a tiempo… Cobarde me siento por no decírtelo en persona, mi valor, devaluado y maculado ante ti…
Aquella vez que dije “me atraparon tus ojos”, no era cierto. Sí, así es. Cuando te vi, fui atrapado totalmente con la totalidad de ti, de lo que aprecié. Me dije ¿Qué está más bello, sus ojos, mirada, su boca, labios, su nariz, sus mejillas, sus pestañas, cejas, su sonrisa, voz, cabello, piel? No eran sólo tus ojos, fue la complejidad de tu simetría, no hallé una parte que luciera sobre otra, cuestión que rompió principios prefijados en mí. Un universo anhelado por descubrir, emoción sublime. Vibración especial resurgida, pensada extinguida. Al palpar tu mano, mi corazón avivó. Algo como lo que transmite la pintura La Creación de Miguel Ángel, al observarlo. Condenado he de estar por mi infame acto. Dejas huella en mí, abriéndote paso sin proponértelo realmente. Y yo, te mentí…
Dinuel Sánchez Maldonado
24/10/2007
12:15am
sábado, 14 de febrero de 2015
La camisa de rayas azules
Y.Y.V.V.
La camisa de rayas azules
Ella la portaba seguido. Le quedaba a la medida. Le lucía muy bien. Era de color azul. Sí, un color masculino-en el mundo occidental. Esta incongruencia de color y género no es común, pero cuadraba excelente con su imagen y su carácter temporal.
Rayas azules: de color índigo, azul celeste junto a un gris claro. Todas eran franjas horizontales. El ombligo, algunas veces, sufría de resfriado. La camisita apenas lo cubría. A esto, también se unía el tríceps y el bíceps. La camisita estaba hecha a la medida. Ella relucía con unos jeans azules, que le quedaban holgados. El cabello ocultaba el cuellecito de la camisa y el de ella. Un negro que coqueteaba con el índigo y la correa negra. El pardo oscuro de sus ojos jugaba con todos los matices. El blanco de sus ojos conversaba con los tonos bajos de los azules, el gris y el destello de sus dientes-que eran eléctricos. La piel externa acompasaba todos los ingredientes. Los unía, los armonizaba, y se integraba. No obstante, la piel interna del músculo más fuerte del cuerpo humano era la que atrapaba mi sentido del gusto que no podía escapar pero deseaba que el secuestro fuera perenne. Un rojo, se encargaba de invitarme a pasar por la puerta y encerrarme en se guarida magnética.
Con su voz, el azul de su camisa era el mar en el cual me ahogaría infinidad de veces y las franjas horizontales eran las olas que me empujaban, agitaban de un lado al otro.
Esta camisa (la verdad no sé si es camisa, franela o blusa) la describo lo más detalladamente posible no porque extrañe a su usuaria-obviamente parece que esto esta en duda- sino porque cuando nos dimos el último beso, ella portaba la camisa de rayas azules.
Dinuel Sánchez Maldonado
Ella la portaba seguido. Le quedaba a la medida. Le lucía muy bien. Era de color azul. Sí, un color masculino-en el mundo occidental. Esta incongruencia de color y género no es común, pero cuadraba excelente con su imagen y su carácter temporal.
Rayas azules: de color índigo, azul celeste junto a un gris claro. Todas eran franjas horizontales. El ombligo, algunas veces, sufría de resfriado. La camisita apenas lo cubría. A esto, también se unía el tríceps y el bíceps. La camisita estaba hecha a la medida. Ella relucía con unos jeans azules, que le quedaban holgados. El cabello ocultaba el cuellecito de la camisa y el de ella. Un negro que coqueteaba con el índigo y la correa negra. El pardo oscuro de sus ojos jugaba con todos los matices. El blanco de sus ojos conversaba con los tonos bajos de los azules, el gris y el destello de sus dientes-que eran eléctricos. La piel externa acompasaba todos los ingredientes. Los unía, los armonizaba, y se integraba. No obstante, la piel interna del músculo más fuerte del cuerpo humano era la que atrapaba mi sentido del gusto que no podía escapar pero deseaba que el secuestro fuera perenne. Un rojo, se encargaba de invitarme a pasar por la puerta y encerrarme en se guarida magnética.
Con su voz, el azul de su camisa era el mar en el cual me ahogaría infinidad de veces y las franjas horizontales eran las olas que me empujaban, agitaban de un lado al otro.
Esta camisa (la verdad no sé si es camisa, franela o blusa) la describo lo más detalladamente posible no porque extrañe a su usuaria-obviamente parece que esto esta en duda- sino porque cuando nos dimos el último beso, ella portaba la camisa de rayas azules.
Dinuel Sánchez Maldonado
1999
viernes, 21 de noviembre de 2014
Oír tu voz
Y.Y.V.V.
Oír tu voz
Al oír tu voz
Es una esperada sorpresa
Al oír tu voz
Mis párpados se contraen más
Al oír tu voz
Cesa el vacío de mi corazón
Al oír tu voz
Mi sangre comienza a fluir
Al oír tu voz
Mi ascenso es veloz
Al oír tu voz
Cruzo las dulces nubes
Al oír tu voz
Domino el horizonte
Al oír tu voz
Me poso en la cima del arcoiris
Al oír tu voz
Mi alma viaja ligera
Al oír mi voz
Sentirás mi amor entrar
Al oír mi voz
Fiel prisionero en ti viviré
Al oír mi voz
Sabrás celda mágica por qué de ti jamás escaparé
Dinuel
Sánchez
Maldonado
8:25PM
14/12/2000
Oír tu voz
Al oír tu voz
Es una esperada sorpresa
Al oír tu voz
Mis párpados se contraen más
Al oír tu voz
Cesa el vacío de mi corazón
Al oír tu voz
Mi sangre comienza a fluir
Al oír tu voz
Mi ascenso es veloz
Al oír tu voz
Cruzo las dulces nubes
Al oír tu voz
Domino el horizonte
Al oír tu voz
Me poso en la cima del arcoiris
Al oír tu voz
Mi alma viaja ligera
Al oír mi voz
Sentirás mi amor entrar
Al oír mi voz
Fiel prisionero en ti viviré
Al oír mi voz
Sabrás celda mágica por qué de ti jamás escaparé
Dinuel
Sánchez
Maldonado
8:25PM
14/12/2000
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